Hasta 1951 las películas se rodaban y distribuían sobre un soporte de nitrato de celulosa, altamente inflamable. Este es el motivo por el que un gran número de negativos anteriores a esa fecha hayan desaparecido en los diversos incendios que padecieron los laboratorios. (Esto no es exclusivo de España, el patrimonio cinematográfico nipón, por ejemplo, está en análogas o peores condiciones).
1946 es un año especialmente complicado. Ha finalizado la Segunda Guerra Mundial y España, neutral en apariencia, ha tomado partido por el eje. Las compañías cinematográficas sospechosas de colaboracionismo son incluidas en listas negras que no sólo afectan a la ausencia de títulos americanos de primera fila para su distribución, sino también a una grave escasez de negativo que obliga a las productoras a comprarlo en el mercado negro. La poderosa Cifesa sufre una gran crisis que conducirá a su desaparición como productora al final de la década. Este año sólo se ruedan en España una treintena de títulos de largometraje de los que no parece que se conserven más de la mitad.
Uno de ellos es el que le interesa a usted, producido por una casa, Cine mediterránea, que sólo ha promovido un corto en 1942 y esta película. En un sistema altamente proteccionista como el español, pero orientado a la obtención de licencias de importación y doblaje, la distribución de estos títulos modestos queda reducida a unas pocas copias que apenas duran unos días en las salas. Todo ello hace aún más difícil la posible conservación de materiales aunque fueran de segunda generación.
Y por último, siendo un título protagonizado por Saritísima raro es que no se haya pasado nunca por televisión (no tengo noticia de ello al menos) ni en ningún otro medio. Ya sabe que la manchega conserva tirón popular.